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viernes, 16 de enero de 2015

SÉPTIMO DOLOR Y SÉPTIMO GOZO.




Los que tuvo San José en la pérdida y en el hallazgo de Jesús.

1- Tres eran los motivos que debían hacer insoportable el dolor de San José cuando se perdió Jesús. El primero era el cariño de padre que le profesaba, y verle perdido en la tierna edad de doce años, sin poder encontrarle en ninguna parte, después de cerca de tres días de buscarle. El segundo motivo, el temor, que su humildad le abultaba, de que quizá por culpa suya se había separado de su compañía y de la de su madre, siendo por consiguiente él causa de la suma aflicción de su inocente esposa. Y tercera, la zozobra cruel de que se hubiesen apoderado del Niño los que desde su nacimiento le habían perseguido para darle la muerte. Tres fueron a su vez los motivos de su gozo al encontrarle. Primero, la alegría natural a un padre y a un esposo tan amante como lo era San José de Jesús y de su madre. Segundo, encontrarle en el templo en medio de los doctores, dándoles pruebas de una prudencia sobrehumana y de una sabiduría divina. Y tercero, el que Jesús se fuese con sus padres, según dice el evangelista, para estarles sujeto.

SEXTO DOLOR Y SEXTO GOZO.



Los que tuvo San José cuando, al regresar del destierro, supo que reinaba el hijo de Herodes, y cuando el ángel le anunció que podía dirigirse a Nazaret.

 1- Después de siete años de haber comido el pan de la emigración, pan que le había costado mil sudores y fatigas, y que había sido regado con copiosas lágrimas, pudo la sagrada familia dejar el Egipto; más enterado José que en el reino de Judea al cual pertenecía Belén había sucedido al cruel Herodes su hijo Arquelao, no pudo menos de sentirse agobiado de zozobra. Con razón podía temer el Santo Patriarca que el hijo de aquel tirano, el cual no había podido dar muerte a Jesús, satisfaría los sanguinarios deseos de su padre, si llegaba a descubrirle. De aquí la duda, la perplejidad, la incertidumbre de San José, no sabiendo a dónde dirigirse ni en qué población refugiarse. Mas el ángel del Señor le consoló y calmó todos sus temores, cuando apareciéndosele le dijo que se fuese a habitar en Nazaret de Galilea. El corazón del santo Patriarca respiró y gozó con este tranquilizador consejo.
 

jueves, 15 de enero de 2015

QUINTO DOLOR Y QUINTO GOZO.


Los que tuvo San José en la huida Egipto y en ver cómo a la presencia de Jesús en este pueblo se derrumbaban los ídolos del paganismo.
 
 1- Basta un poco de reflexión para comprender el dolor que había de martirizar el corazón de San José, al tener que huir a Egipto para salvar a Jesús de la persecución de Herodes. La travesía era larga, los caminos escabrosos, desconocidos y expuestos, y la sagrada familia se hallaba sin recursos y casi hasta sin la ropa necesaria para su abrigo en lo riguroso del invierno. ¡Qué cruel amargura para el santo Patriarca ver en tan penosa situación a María, tiernísima y delicada doncella, y a Jesús, niño recién nacido! Pero grande sería a la vez su gozo, cuando al entrar en Egipto, caían los simulacros del demonio, que aquellas idólatras gentes adoraban como a divinidades. José vio en aquel suceso otra prueba de que su hijo adoptivo era el mismo Hijo de Dios, y se complació ya en el triunfo, que Jesús debía reportar de la culpa y del infierno.

miércoles, 14 de enero de 2015

CUARTO DOLOR Y CUARTO GOZO.



Los que tuvo San José cuando oyó la profecía. de Simeón, y entendió a la vez que los sufrimientos de Jesús habían de salvar al mundo.

1- Con el horror de un espantoso trueno resonaría en los oídos de San José el anuncio de Simeón, que profetizaba a María amarguísimos dolores, y a su divino Hijo Jesús tan desastroso porvenir, que llegaría a ser el blanco de crueles persecuciones y la víctima de inauditos tormentos. El santo Patriarca, que amaba a María como a su verdadera esposa, con un amor tan ardiente como virginal, y que a Jesús le quería con un cariño todo paternal, pues le miraba como a su hijo adoptivo, hubo de experimentar, al oír lo que de ellos vaticinaba aquel santo varón inspirado por Dios, una angustia mucho más terrible, que si se hubiesen dicho de él aquellas temibles palabras. Sin embargo, al entender que así María como Jesús habían de sufrir para redimir a los hombres, su corazón, henchido de gozo, se unió desde ese momento a aquellos dos generosos corazones, que se inmolaban por la salvación del mundo.
 

TERCER DOLOR Y TERCER GOZO.


Los que tuvo San José en la circuncisión del divino Hijo de su esposa, y cuando él mismo le dio el nombre de Jesús.
 
1- Instante terrible hubo de ser para San José el en que vio cómo el cuchillo penetraba en las tiernísimas carnes del recién nacido, hasta hacer brotar sangre, pues que así lo exigía la ceremonia de la circuncisión. Los lloros del divino Niño no podían menos que desgarrar su corazón tierno. Pero al pronunciar sus labios el dulcísimo nombre de Jesús, que, según la orden que había recibido del ángel, puso al Dios niño, se llenó de un placer tanto más grande, y que nosotros no podemos ponderarlo bastante, cuanto más él conocía toda la extensión del significado de aquel nombre, a cuyo eco ya desde entonces se conmovían los cielos, la tierra y el infierno.
 

SEGUNDO DOLOR Y SEGUNDO GOZO


Los que tuvo San José cuando vio al divino Hijo de su esposa reclinado en un pesebre, y cómo luego le alababan y adoraban los ángeles y los pastores.

1- Era natural que San José sintiese una inexplicable aflicción al ver nacido tan pobremente y expuesto a la inclemencia a aquel Niño, de quien sabía con tanta certeza que era el mismo Hijo de Dios. Y lo que más debía atormentar el corazón tierno del santo Patriarca, era no hallar medio de poder suavizar los rigores del penoso estado en que se encontraban María y su Hijo. Pero también se inundaría de consuelo su alma, al oír a los ángeles que entonaban himnos de gloria a Dios, y anunciaban paz a los hombres por aquel nacimiento; y al ver a los pastores, que, avisados por los espíritus celestiales, venían a postrarse ante la cuna del Niño recién nacido, confesándole y adorándole por verdadero Dios.

martes, 13 de enero de 2015

MEDITACIONES SOBRE LOS SIETE DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ - PRIMER DOLOR Y PRIMER GOZO


PRIMER DOLOR Y PRIMER GOZO:
 
Los que tuvo San José al ver en cinta a su esposa, y al revelarle el ángel el misterio de la Encarnación.

1- Efectivamente intenso debió de ser el dolor de San José, al reparar que su esposa se hallaba en cinta, hallándose entrambos ligados con el voto de virginidad, que voluntaria y mutuamente se habían prometido. Y la angustia del santo Patriarca había necesariamente de ser tanto más cruel, cuanto que, persuadido de la inocencia y santidad extraordinaria de María, no podía darse razón de lo que se le hacía incomprensible bajo todos conceptos. De aquí que su gozo hubo de ser extremado; cuando el ángel del Señor apareciéndosele en sueños,  le sacó de dudas e incertidumbres, dándole a entender que María había concebido en su virginal seno por obra del Espíritu Santo al Hijo del Altísimo, es decir, San José viendo a su Inmaculada esposa contemplaba a la Madre de Dios.