Es innegable que el infierno hace cada día nuevas conquistas: las almas se pierden y caen en el abismo, como los copos de nieve caen en invierno, y las hojas de los árboles en el otoño.
El mundo arrastra a la muchedumbre con seductores halagos; cunden como contagio las máximas perversas; el interés es casi él único resorte de las acciones humanas; todo lo inundan el fraude y el engaño; una sed frenética de placeres impuros consume á todos los estados y edades, y, por colmo de desdichas, el respeto humano domina y tiraniza a los mismos buenos. ¡Ay a que abismo de males nos precipitan la irreligión y el libertinaje de nuestros días!
