Los que tuvo San José en la huida Egipto y en ver cómo a la presencia de Jesús en este pueblo se derrumbaban los ídolos del paganismo.
1- Basta un poco de reflexión para comprender el dolor que había de martirizar el corazón de San José, al tener que huir a Egipto para salvar a Jesús de la persecución de Herodes. La travesía era larga, los caminos escabrosos, desconocidos y expuestos, y la sagrada familia se hallaba sin recursos y casi hasta sin la ropa necesaria para su abrigo en lo riguroso del invierno. ¡Qué cruel amargura para el santo Patriarca ver en tan penosa situación a María, tiernísima y delicada doncella, y a Jesús, niño recién nacido! Pero grande sería a la vez su gozo, cuando al entrar en Egipto, caían los simulacros del demonio, que aquellas idólatras gentes adoraban como a divinidades. José vio en aquel suceso otra prueba de que su hijo adoptivo era el mismo Hijo de Dios, y se complació ya en el triunfo, que Jesús debía reportar de la culpa y del infierno.
