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miércoles, 14 de enero de 2015

CUARTO DOLOR Y CUARTO GOZO.



Los que tuvo San José cuando oyó la profecía. de Simeón, y entendió a la vez que los sufrimientos de Jesús habían de salvar al mundo.

1- Con el horror de un espantoso trueno resonaría en los oídos de San José el anuncio de Simeón, que profetizaba a María amarguísimos dolores, y a su divino Hijo Jesús tan desastroso porvenir, que llegaría a ser el blanco de crueles persecuciones y la víctima de inauditos tormentos. El santo Patriarca, que amaba a María como a su verdadera esposa, con un amor tan ardiente como virginal, y que a Jesús le quería con un cariño todo paternal, pues le miraba como a su hijo adoptivo, hubo de experimentar, al oír lo que de ellos vaticinaba aquel santo varón inspirado por Dios, una angustia mucho más terrible, que si se hubiesen dicho de él aquellas temibles palabras. Sin embargo, al entender que así María como Jesús habían de sufrir para redimir a los hombres, su corazón, henchido de gozo, se unió desde ese momento a aquellos dos generosos corazones, que se inmolaban por la salvación del mundo.
 
2- ¡Qué sublime caridad para con los prójimos nos enseñan Jesús, María y José! Ellos se ofrecen gustosos a todos los rigores de la divina justicia, a trueque de que se salve el hombre, y prefieren sujetarse a una vida de quebranto y de tormento, para que los hombres después de sufrir miserias sobre la tierra, no sean infelices por una eternidad.

 3- Determinémonos a hacer también nosotros algo en favor de nuestros hermanos, especialmente en lo que se refiere a su eterna salvación. A este fin propongamos violentarnos y abstenernos de todo aquello que, por más que nos sea agradable o cómodo, les pueda dar mal ejemplo; y hacer algún sacrificio en nuestros gustos y conveniencias, cuando de él pueda reportar el prójimo algún aprovechamiento espiritual.




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